Vie(r)nes XXXIX.

Viento del Este y niebla gris anuncian que vie(r)nes lo que ha de venir. No me imagino que irá a suceder, mas lo que ahora pase ya pasó otra vez.

-Mary Poppins.

-Ara.

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El mundo volvió a girar de nuevo.

Aquél fue un verano fantástico y eso que los días pasaron tan deprisa que se quedó corto para tantos planes como tenía. Tenía planes… pero no te tenía a ti, aún no te había conocido. Pero surgió de pronto la oportunidad de conocernos, el encuentro en aquella fiesta junto a la playa a la luz de la luna. Después, la luz del sol nos descubrió que todo cuanto habíamos soñado la noche anterior era más hermoso aún, y tus ojos desprendían una luz que me dejaba pegado a ti como una polilla junto a un farol nocturno.

A medida que nos fuimos conociendo descubrimos que la atracción inicial que sentimos se hacía más fuerte cada día. Pero llegó el final y debimos separarnos. ¡Qué tristeza aquella tarde!… Te acompañé a la pequeña estación de ferrocarril del pueblo y miramos nuestros ojos en silencio. Tenías que subir al tren y tu mano soltó la mía. Las luces de la estación brillaban ahora más en tus ojos y te ofrecí mi pañuelo con la inicial de mi nombre trabada en azul en un extremo. Lo tomaste con cuidado y subiste con él al vagón, y ya dentro, desde la ventanilla, me diste el último adiós y me enviaste tu último beso.

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Querido Octubre.

Querido Octubre:

Este año decidiste despertarme con uno de esos besos to the moon and back y volviste a sacar lo mejor de mi. Como siempre, juntos hemos (re)conocido a las personas que merecen la pena y queremos tener en nuestras noches y días y nos dimos cuenta que ya no estabas entre ellas.

Por muchas veces que te empeñes en volver si el destino no tiene espacio para mí en tu vida, sé más valiente y suéltame, sigue el camino de tus recuerdos y quédate con ellos. Ya hemos jugado durante demasiado tiempo y no tenemos nuevos trucos ni nuevas trampas con los que sorprender(nos). Nos (des)conocemos demasiado bien como para reanudar una partida que está en jaque mate.

Vamos a jugar a esperar a ver quién deja antes de llamar.

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Tú a Boston y yo…

Maldita distancia.

Maldita distancia que nos impide empezar a ser nosotros mismos. Un nosotros en plural, un nosotros de volver a conocernos, de segundas oportunidades que te concede la vida o el destino, llámalo como quieras.

Nos conocimos en un tramo del camino breve pero compartido. Tú tomaste el lado izquierdo y yo el derecho y nos despedimos con un “hasta pronto” que se nos resistió durante dos años de tomar decisiones opuestas pero que hoy nos han traído de nuevo aquí, a volver a compartir por unos meses la misma ciudad.

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