El mecánico del corazón.


El mecánico del corazón.

Hace mucho tiempo que el verano no llega a Ciudad Corazón; están sumidos en el invierno más frío y persistente que jamás habían conocido: el del corazón.

Muchos de sus habitantes nacieron con el corazón congelado, en cambio, a otros se les fue helando poco a poco. Fue un proceso lento y suave como el viento cálido y luminosos que una mañana se va templando hasta convertirse en niebla y oscuridad. Los habitantes de Ciudad Corazón no se dieron cuenta hasta que sus ríos se convirtieron en hielo, las casas se cerraron y las calles quedaron desiertas.

El antiguo esplendor de Ciudad Corazón había desaparecido. Las guirnaldas que decoraban las calles hechas de jazmines y rosas, testigos de promesas de amor eterno, de dulces despedidas, de pasión y celos, de intensas risas y llantos se habían congelado junto con todo aquello que observaban. Incluso el ardiente Sol se había ocultado tras las espesas nubes que ahora cubrían su cielo dejando paso a una noche casi continua.

Los viajeros evitaban pasar por ella. Se decía que quien se quedaba más de cinco días en Ciudad Corazón se quedaba allí para siempre, olvidándose de sus amigos, familia y perdiendo el calor que su corazón desprendía.

Esta triste historia llegó a los oídos del mecánico de las Tierras Lúcidas. Estas tierras eran conocidas por su cordura, sabiduría e inteligencia. Trabajaban noche y día, todos eran necesarios e imprescindibles, además de grandes eruditos.

El mecánico de Tierras Lúcidas era conocido por sus grandes reparaciones y mejor mente, así como por no haber fracasado ni una sola vez. Confiado en sus habilidades, decidió viajar hasta Ciudad Corazón.

Se presentó ante las puertas de la ciudad que permanecían cerradas y heladas. Se encontraba frente a su primer desafío: entrar. Estudió detenidamente la puerta, su complexión, firmeza y material. Empleó todas sus herramientas pero ninguna quebraban el gélido hielo que la cubría. Ante la impotencia que sentía, golpeó con ambas manos la puerta y como por arte de magia, la puerta revivió, desprendiéndose de todo el hielo y recobrando su cálido color dorado.

Asustado por su descubrimiento retrocedió y observó como aquellas majestuosas puertas le brindaban la oportunidad de entrar en aquella ciudad, ahora dormida.

Paseó durante todo un día por las calles de Ciudad Corazón intentado entender el por qué de su nombre “Ciudad Corazón”, se repetía una y otra vez en su cabeza, “Ciudad Corazón”.

En los días siguientes buscó y buscó desde la lógica cualquier avería que pudiera haber originado ese invierno. Buscó pero no encontró.

Era el cuarto día que pasaba allí. Sabía que no podría volver a Tierras Lúcidas sin haber salvado a la ciudad pero tampoco podía quedarse allí. Tan solo le restaba un día y seguía sin saber cómo devolver el verano y el calor a la ciudad y a sus habitantes.

Exhausto y sin esperanza se sentó en un banco de hielo. Fue entonces cuando se dio cuenta que ya no sentía el frío del banco en su cuerpo, ni el frío del aire en su cara y manos. Confuso se llevó la mano al corazón y aterrorizado lo descubrió.

La Ciudad Corazón se había helado porque sus habitantes se habían olvidado de lo que verdaderamente importaba: el corazón. Se habían vuelto arrogantes, orgullosos y avariciosos, viviendo en una continua soledad que fue helando su corazón, hasta que finalmente perdieron la esperanza.

Para poder salvar a la ciudad y a sí mismo, el mecánico tenía que devolverles todo eso, les tenía que recordar que se sentía al amar y ser correspondido o al amar y no serlo, o cómo eran los celos, la gratitud, el compañerismo, incluso el odio. Les tenía que recordar que vivir sin hacer caso al corazón es como no vivir, como vivir en una oscuridad plena.

Envalentonado por su gran idea, el mecánico dejó su maletín de herramientas y fue llamando de puerta en puerta hablando sobre el amor, la amistad, el odio, la ternura, los celos; sobre las pasiones humanas y poco a poco fue testigo de cómo la ciudad recuperaba su color y grandeza de antaño de cómo el sol volvía a brillar y de cómo las ilusiones volvían a los ojos de sus habitantes.

De este modo fue como Ciudad Corazón se salvó de la terrible oscuridad y a partir de ese día las Tierras Lúcidas comprendieron que hay cosas que escapan al razonamiento lógico y que necesitan un poco de magia venida del corazón.

-Ara.

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