Miradas.

La mirada es el espejo del alma.

Existen las miradas cálidas, acogedoras, amables y felices que te invitan a entrar, a compartir. Incluso las miradas tristes y nostálgicas son miradas limpias que no tienen miedo a mostrar su dolor o su dicha.

En cambio, también existen otro tipo de miradas, las miradas oscuras. Se trata de miradas recelosas, misteriosas y hundidas, muchas de ellas inescrutables, llenas de dolor, envidia, vanidad… que se esconden tras una falsa máscara, tras una cortina de humo simulando que todo va bien, que no pasa nada.

No soy una experta en miradas; es más, he de confesar que en lo primero que me fijo en persona no es en su mirada sino en su sonrisa. Me considero una enamorada de las sonrisas, bueno en concreto de una que conocí/encontré hace tiempo. Era una sonrisa sincera, educada, un poco tímida al principio pero muy segura después. Son de esas sonrisas con las que te cruzas una vez en la vida y no vuelves a ver. Las persigues, las buscas, las encuentras y las vuelves a perder o las tienes que dejar ir porque no pertenecen a nadie, porque no te pertenecen.

Por eso son las mejores.

“Su sonrisa era una de esas extrañas que logras ver cuatro o cinco veces en la vida. Parecía entenderte y creer en ti justo cómo quisieras que te entendieran y creyeran.” – El Gran Gatsby.

Pero esta entrada no está dedicada a las sonrisas sino a las miradas, o al menos ese es mi propósito. ¿Por qué? Porque encontré “la mirada”. Me crucé con la mirada más transparente que he visto hasta ahora y que por supuesto sé que no volveré a ver.

Lo que dura un semáforo, 60 segundos, en una tarde oscura impregnada por la baja niebla y el frío navideño. Las luces de los coches iluminaban a todos los que esperábamos en ambos lados del cruce como si fueran los focos de un teatro. El semáforo se puso en verde y los figurantes de aquella improvisada obra se pusieron andar.

Es en ese preciso instante cuando las luces enfocan a los dos jóvenes protagonistas, cada uno viene del lado opuesto del semáforo y es cuando se cruzan cuando la verdadera obra comienza y concluye al mismo tiempo.

Sus miradas, que andaban sin buscarse, se encontraron. Ambos, sorprendidos por semejante conexión, continúan su camino preguntándose si la otra persona también lo habría sentido, lo habría visto.

Llegados al otro lado del cruce ambas miradas se giran y desde la lejanía se vuelven a encontrar. Ahí estaba la respuesta, esa es la ventaja de tener una mirada transparente, que las palabras sobran.

Y esa mirada desapareció para siempre.

paperman3

No hay mejor pregunta que una mirada… y no hay mejor respuesta que una sonrisa.

-Ara.

Anuncios

2 comentarios en “Miradas.

  1. Pingback: Vie(r)nes XIX. | La Chica de Octubre.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s