Barcelona.

Los veranos en Barcelona siempre eran especiales. Cada año descubría una Barcelona distinta y una nueva sonrisa con la que pasear.

El primer verano se perdió en el Parque Güell con Carles, conoció la noche en la sala Razzmatazz con Pau y contempló la ciudad desde la altura del Tibidabo con Albert. El segundo amaneció en la Barceloneta con Guillem, paseó por el Barri Gòtic con Roger y buscó el silencio de Santa María del Mar con Joan. Al verano siguiente conquistó Montjuic con Manel, fotografió el Arc de Triomf con Lluís y buceó entre las salas del Aquarium con Xavi. El último verano se enamoró de Sergi en la estrecha calle dels Petons. Y este año se (re)encontró con Albert y su mirada en la Noche de San Juan.

Era una noche tranquila con la Luna brillante y el mar en calma. Los grupos de amigos se reunían en la playa alrededor de las hogueras con el propósito de quemar lo malo del año y empezar el verano con el contador a cero.

La sonrisa de aquel verano le llevó a una de las muchas improvisadas fiestas que se organizaban a lo largo de la costa. Para ella, era la primera vez que vivía una Noche de San Juan en la playa. Desde siempre había considerado esa noche mágica, donde las leyendas y la tradición se fundían en una sola durante unas horas, y el hecho de celebrarlo en la playa hacía que se sintiera como una niña de nuevo.

Cuando llegaron la fiesta ya había empezado y en cuanto les vieron más sonrisas salieron a su encuentro, demasiadas para su gusto, e instintivamente ella también sonrió.

Se sentía abrumada.

Hasta que llegó él. Hasta que volvió su mirada.

Se presentó como Albert y se encargó de ser una mirada amiga entre tantas sonrisas. Le presentó “a los importantes”, “a los que merecía la pena conocer” -según decía él- y ella abandonó su sonrisa.

La horas pasaban, las hogueras se apagaban y las cervezas empezaban a pesar.

Alejados de la fiesta frente a la orilla del mar y bajo la Luna se miraron en silencio durante un instante.

-¿Por qué has actuado como si no nos conociéramos? – Le preguntó ella.

-Era más fácil así, para poder empezar de nuevo. – Respondió él.

Mientras tanto, sentados en el borde del paseo marítimo la que fue su sonrisa y la de Albert observaban la escena desde la distancia.

-Vaya, parece que se han olvidado de nosotros. – Sentencia ella.

A lo que él apura su cerveza, la mira y no responde.

Feliz noche de San Juan,

-Ara.

Las viejas calles de Barcelona no son sólo lo que ahora vemos a simple vista. Si nos detenemos un rato en silencio y prestamos atención, todavía se pueden oír los gritos de los disturbios, las risas de los niños, el olor de las especias, los ruidos de los carros y caballos, sentir la sensación agria del miedo, ilusiones, esperanzas, odios y amores, conocer leyendas y mitos que aún vuelan por las estrechas calles de Barcelona de otros tiempos, de Otras Barcelonas… ¿Las podéis sentir?

-Dani Cortijo.

 

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3 comentarios en “Barcelona.

  1. Pingback: Querido Junio. | La Chica de Octubre.

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