La novia.

-¿Quieres casarte conmigo?

-Sí.

Una pregunta bastó para que empezara todo. Una nueva vida con la que llevaba soñando desde que tengo memoria. Una vida que se nos había inculcado desde el colegio con fiestas de té, clases de corte y confección, e historias de princesas y dragones.

Recuerdo cómo al terminar la escuela por la tarde nos reuníamos las cinco de siempre a tomar café y a imaginar cómo sería nuestra vida a partir de ese momento, de esa pregunta. Ahora me doy cuenta de que eran cafés vacíos, conversaciones muertas e ilusiones inventadas, pero en ese momento todo nos parecía perfecto.

No os mentiré cuando os digo que yo amaba a mi novio y que cuando me preguntó si quería casarme con él yo le respondí que sí con todo mi corazón. La felicidad que experimenté en ese momento fue genuina, y más aún cuando interrumpí la conversación de mis compañeras para darles la buena noticia.

Sus gritos de alegría llenaron por un momento la cafetería y a partir de ese momento todo giró en torno a la boda. Ellas serían mis damas de honor y yo la novia.

La boda se celebraría en el campo, en una finca de verdes viñedos. Los festejos durarían 3 días, desde el viernes hasta el domingo día de la ceremonia, y las cinco parejas nos quedaríamos en la masía hasta el gran día. Todo sería perfecto.

Entre risas y juegos salimos por los viñedos, a correr, a saltar, a disfrutar del último día en el que se nos permitía ser niños. El ambiente que se respiraba era pura felicidad, una felicidad inocente y alocada, hasta que apareció él haciendo que el cielo de nuestro paraíso se tiñera de rojo y que las sonrisas se volvieran amargas augurando un final nada perfecto.

La guerra había llegado.

Explicabas cómo habías visto arder campos y casas, cómo los soldados vendrían de un momento a otro para separarnos de nuestros seres queridos al igual que habían hecho contigo. Nos hablaste de disparos y destrucción mientras tu mirada imploraba que me fuera contigo haciéndome creer por un breve instante que otro destino era posible.

El golpe de un fusil en mi espalda me devolvió a la realidad. Mujeres a un lado y hombres a otro. Busqué con la mirada al que tendría que haber sido mi felices para siempre; te vi, me sonreíste y te ajustaste las gafas antes de desaparecer dentro del autobús sabiendo que nuestro siempre terminaba allí.

Nos colocaron en otro autobús y por inercia nos sentamos sin protestar a esperar un futuro, al menos de vida, a pesar de no saber cual sería nuestro destino y que dos de nosotras ya estábamos sentenciadas de antemano.

A día de hoy sigo sin saber por qué lo hice, pero creo que fue la primera decisión que tomé por mi misma al levantarme de ese asiento y acompañar a mi amiga fuera de aquel autobús cuando decidieron que otra persona ocupara su lugar.

Desde tierra vimos cómo se alejaban en caravana todo lo que hasta entonces habíamos conocido y amado, y comprendimos que era nuestro momento de decidir si queríamos un destino de vida o de muerte.

-Ara.

 

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10 comentarios en “La novia.

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