La respuesta no es la huida.

No sabía cuanto tiempo llevaba en esa situación, huyendo de algo, o de alguien… A estas alturas ya no lo recordaba.

Todo empezó en esa casa de la playa a la que decidimos ir cinco días antes para desconectar y tener tiempo para nosotros. Éramos una pareja normal, o somos porque… ¿Lo seguimos siendo no?– suspiro– La verdad es que no lo sé.

Últimamente mi memoria me juega malas pasadas.

Parece que han pasado años cuando juraría que ayer mismo me dormí escuchando cómo las olas del mar rompían en la orilla. Sin embargo me encuentro dentro de este taxi en plena persecución por el centro de una ciudad…

Me duele la cabeza, no soy capaz de reconocerla además ¿Somos nosotros los perseguidos o los perseguidores? Y de ser este último caso, ¿habría cumplido mi tonta fantasía de subirme a un taxi y decir “siga a ese coche”?

En fin, perdonad a mi cabeza por tan estúpidas divagaciones. Ya os he dicho que últimamente no es la de siempre.

Un atasco nos retiene en nuestra huida– ¡Espera! lo acabo de recodar, nosotros somos los perseguidos-. Grito al conductor que salga del taxi y corremos. Corremos sin mirar atrás; y yo sigo sin saber de quién o por qué huimos.

Me doy cuenta que me siento torpe y un poco lenta pero no veo ningún daño externo que lo justifique. Genial– pienso irónicamente– eso es que tengo alguna lesión interna.– Resoplo entre dientes– será problema de mi yo futura, pero por ahora tengo que concentrarme en llegar a ese futuro.

Con suerte damos con un centro comercial y sin pensarlo dos veces, nos colamos en su supermercado. Pero ellos son increíblemente rápidos y nos dan alcance casi al instante.

Elegimos pasillos diferentes y por primera vez desde la huida nos separamos. Una estantería cae sobre mi dejándome fuera de combate durante unos segundos, los suficientes para que me retenga una chica rubia armada pistola en mano y me advierta, –Vamos a por tu chico.– Me río. –Pero si yo no “tengo chico”– respondo.

Ella se sonríe y me reta diciendo –¿Ah no?– Sigo su mirada que se detiene en el taxista que viene hacia nosotras. Es entonces cuando me doy cuenta que algo se remueve en mi. Una vieja sensación, unos sentimientos bastantes familiares que hacen que, por primera vez, me pregunte quién es mi acompañante. Por lo que insinuaba la rubia, le tendría que conocer ya de antes, ¿no? Porque es imposible generar ese tipo de sensaciones en tan solo unos minutos y más aún por un desconocido, ¿verdad?

Me sacan de mis pensamientos de un tirón de mano y consigo escapar del pasillo que casi hace que me capturen. Él corre más rápido y esquiva al resto del equipo que nos perseguía pero mi suerte es bien distinta y me interceptan antes de encarar el último tramo de escaleras.

Aturdida por el golpe observo como él sí ha conseguido salir, me mira, me sonríe como él solo sabe hacer y desaparece por aquellas escaleras. Pero sé que volverá, al fin y al cabo los cazadores somos nosotros.

-Ara.

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