Calendario de Adviento Literario.

Este año mi querida Mònica, a la que he mencionado más de una vez por aquí y a la que podéis encontrar tanto en twitter @moonicasnook como en instagram @historiasdreyes, se ha lanzado a la aventura creando para los días previos a la Navidad, un calendario de adviento literario en el que cada día nos proponía una palabra con la que teníamos que hacer una frase, microrrelato o incluso un texto más largo si la inspiración se ponía de nuestra parte.

Podéis ir a sus redes sociales y con el hastag #advientohdr ver todas las participaciones. Yo por mi parte os pido perdón por mi ausencia por el blog, de la que pronto espero poder hablaros y os dejo por aquí la recopilación de todas mis creaciones además de desearos unas felices fiestas. 

 

Día 1 Ilusión: La ilusión es un maquillaje –pensaba ella– hasta que le conoció a él.

Día 2 Madre: En un mismo día eres madre cuando me recuerdas que tengo que encender el fuego a la 13:30 para que no se me pase la hora de comer. Eres hija a la que aún siguen viendo como a una adolescente (¡padres que te voy a contar!). Eres esposa, hermana, tía, sobrina, cuñada, nuera… y otros tanto títulos familiares que están por llegar. Eres amiga con la que salir a tomar un café o a descubrir el mundo. Eres árbitro en las disputas de casa. Eres maestra porque todo lo que sé de la vida y las matemáticas son gracias a ti. Eres una profesional que en cuanto sale por la puerta sigue solucionando los problemas de otras personas. Eres detective para averiguar quien se ha comido la última porción de chocolate. Eres médico experta en chichones, rasguños y quemaduras. Eres cómica después de un mal día para que lo acabemos entre sonrisas. Eres cocinera capaz de reinventar las sobras del día anterior. Y sigues siendo la superheroina de todas mis pesadillas.

En definitiva, eres el mejor regalo que la vida ha puesto en mi camino.

Día 3 Niño/a: Me gusta el olor a lluvia porque no me recuerda a ti sino a mi. A esa niña de 5 años que paseaba por las húmedas calles de su pueblo hasta llegar al parque y que se paraba en la casa de antes para saludar a su amigo Cuqui, un perro salchicha de color pardo, que adoraba las galletas chiquilin.

Curiosamente nunca he asociado la lluvia al mal tiempo, sino como comienzo de algo nuevo, de una nueva estación, en particular el otoño (ya sabéis que soy una romántica del mes de Octubre), o de una nueva tradición.

Paradójicamente a lo largo de mi vida solo he tenido un par de botas rojas de agua para que me guiaran en el imaginario camino de baldosas amarillas que iba desde mi  casa a cualquier parte de mi ciudad (que a esa edad me parecía el mundo entero).

Y es en días como estos, en los que anuncian que viene lo que ha de venir, que el sonido nocturno de las gotas de agua sobre el tejado de los vecinos, activan los recuerdos de esa niña que estaba dispuesta a comerse el mundo aunque el día amaneciera gris.

Día 4 Amor: Dicen que todos los caminos llevan a Roma, pero ninguno como el que lleva a tu amor.

Día 5 Estrella: Estrella se inventa que vuelve a ser ella y luego siempre se despierta (extracto de la canción Estrella de Despistaos).

Día 6 Abeto: Uno de sus pasatiempos favoritos era mirar por aquellos grandes ventanales y observar la cotidianidad de la vida. Su momento preferido era cuando los niños volvían a casa después de una larga jornada de escuela. Pero hoy era un día bien distinto al resto. La casa permanecía en penumbra mientras en el exterior yacía sin vida el cuerpo de su amiga, la menor de los hermanos. La policía interrogaba a familia y vecinos sobre lo que había sucedido, cómo hacía acontecido semejante desgracia. Ningún testigo y menos un culpable claro aparecieron, cerrándose el caso como accidente doméstico. ¡Pobre abeto! Nadie le había preguntado, se habían olvidado de él, el único capaz de resolver aquel misterio.

Día 7 Guirnalda: El antiguo esplendor de Ciudad Corazón había desaparecido. Las guirnaldas que decoraban las calles hechas de jazmines y rosas, testigos de promesas de amor eterno, de dulces despedidas, de pasión y celos, de intensas risas y llantos se habían congelado junto con todo aquello que observaban. Incluso el ardiente Sol se había ocultado tras las espesas nubes que ahora cubrían su cielo dejando paso a una noche casi continua.

De este modo comprendió que para poder salvar a la ciudad y a sí mismo, el mecánico tenía que devolverles todo eso, les tenía que recordar que se sentía al amar y ser correspondido o al amar y no serlo, o cómo eran los celos, la gratitud, el compañerismo, incluso el odio. Les tenía que recordar que vivir sin hacer caso al corazón es como no vivir, como vivir en una oscuridad plena.

Día 8 Luces: Lejanas, Únicas, Creadoras, Efímeras, Siderales.

Día 9 Nieve: Vio como se alejaba mientras los primeros copos de nieve empezaron a caer preludio de las heladas que estaban por venir. Todos corrían rápido a resguardarse en sus hogares salvo ella, que se mantenía inmóvil en mitad de aquella avenida, preguntándose cómo protegerse del frío que acababa de entrar en su corazón.

Día 10 Muérdago: Cuenta la leyenda que una bella campesina pasaba los días cultivando en sus tierras una planta extraña jamás vista antes. Este hecho sirvió de reclamo para que muchos de los grandes eruditos del lugar se acercaran curiosos a estudiarla. Más lo que todos desconocían eran las verdaderas intenciones de esta hechicera disfrazada de doncella, quién convertía a los hombres en Muérdago para que ninguna muchacha sufriera de la maldición de un corazón roto.

Día 11 Magia: ¿Y tú me preguntas que es la magia? Magia es verte sonreír cada vez que me ves acerándome a tu encuentro. Magia es ser testigo de cómo se te ilumina la cara cuando saboreas tu chocolate favorito. Magia es disfrutar a través de tus ojos la vida, nuestra vida. Esa es la magia que quiero cada día, ¿y tú?.

Día 12 Esperanza: Cerró los ojos mientras se espolvoreaba unas gotas de su mejor perfume. El olor embriagó toda la habitación transportándola de nuevo a Nunca Jamás, su hogar. Suspiró y dejó el frasco en su tocador acariciando las letras que le daban nombre: «Esperanza». A su lado un medallón con la inicial C, dos pendientes en forma de alas y un diminuto vestido verde minuciosamente confeccionado como si  para una muñeca se tratara. De repente una niña pequeña irrumpió en la estancia. –¡Mamá, mamá! ¿Nos vamos?– Incapaz de articular palabra la miró y asintió con una leve sonrisa. Campanilla también se había hecho mayor y era el momento de pasar su legado.

Día 13 Tarjeta: Una tarjeta del presente al pasado o del pasado al más pasado, de todos modos nunca la hubiese leído.

Día 14 Unión: Y desde ese día todo cambió. No sólo por el compromiso que acabábamos de adquirir entre nosotros, sino por la madrina tan especial que habíamos tenido: la Luna, que desde el cielo bendecía la unión de su primogénito.

Día 15 Bufanda: Desde pequeña siempre he visto como mi abuela le arreglaba la bufanda a mi abuelo antes de salir de casa y como él le devolvía la son risa más grande del mundo acompañado de un beso en la mejilla. Con los años observé cómo mi madre hacía lo mismo con mi padre para después fundirse en un tierno beso.

Han pasado ya muchos años desde esas primeras veces en las que yo era una mera espectadora que seguía sin comprender su significado; gasta hoy, cuando mi pareja se acerca sigilosa por detrás abrazándome y colocándome al mismo tiempo la bufando al cuello.

–Se te olvidaba la bufanda señorita. – Y fue justo en ese momento cuando al fin comprendí todo. Me giré, coloqué mis manos en su nuca y le respondí: –Y yo a ti. – ¿Tú a mi el que?– Me preguntó extrañado. – Que yo también te quiero.

Día 16 Chimenea: Se miró al espejo para limpiarse los restos de hollín que aún quedaban en su cara, recuerdo de su última aventura «supercalifrástica» con su gran amigo Bert y los niños Banks. Sabía que en el momento en el que se lo retirara, todo habría terminado: no más viajes a través de cuadros, chimeneas mágicas, ni sobretodo, no más días con Bert. Debería despedirse de todos ellos y volver otra vez a surcar el cielo de Londres en busca de nuevos niños que cuidar.

Día 17 Cuento: –¡Cuéntame un cuento papá!– Le pedía la princesa noche tras noche a su padre el Rey, y él gustoso se inventaba mil y una historias con las que complacer a su hija. Hasta que una noche el Rey no acudió a su cita, y la princesa preocupada se dispuso a salir en su busca. Ataviada con sus botas favoritas y una gruesa capa, abrió la puerta y para su sorpresa se encontró un libro en blanco, una pluma y un tintero junto con un sobre que rezaba así:

«Son muchas las noches las que has vivido a través de mis historias, ahora te toca empezar a vivir y crear la tuya propia». 

Día 18 Regalo: Le miró de reojo mientras decoraban las luces del árbol pensando que de todos los regalos del mundo, le volvería a elegir a él.

Día 19 Reno: Apenas se tenía en pie cuando le apodaron Rudolf, el reno de la nariz roja, por lo que toda su vida se vio definido por ello. Sin embargo, él sabía que era mucho más que una nariz pegada a un reno y se aventuró en las profundidades del bosque con una única misión, encontrarse a sí mismo. Vagó días por el gélido bosque hasta que no pudo más y pensando haber fracasado en su intento, se arrimó a una piedra extrañamente calentita. Esta, al notar la presencia del animal se revolvió sobre si misma apareciendo un pequeño ser que se hacía llamar Gran Pabbie.

–No te preocupes amigo reno, yo te voy a ayudar– le dijo. –Conozco un humano que cuidará de ti. –Y así fue como Sven conoció a Kristoff y dejó de ser tan solo una nariz roja.

Día 20 Solidaridad: Solidaridad nació hace muchos años en la antigua Roma. Fue una de las tantas primas que poseía el adjetivo latino solidus, un adjetivo respetado por todos dado su significado firme y sólido. Sin embargo pocos conocían los sufijos que la diferenciaban del resto de su familia. En primer lugar estaba -ario un sufijo que le otorgó un nombre, una procedencia o pertenencia a algo más grande que el propio solidus por si mismo era incapaz de llegar. Por otro lado estaba -dad, un sufijo más discreto que el anterior pero que le dotaba de una cualidad excepcional. Y todos ellos en perfecta armonía llegaron a nuestros días creando esta palabra tan antigua, compleja y fuerte, pero delicada y bella al mismo tiempo.

Día 21 Chocolate: La cafetería Joy era la más famosa de la ciudad y más en fechas tan señaladas como las fiestas navideñas en las que su receta secreta de chocolate era su mayor reclamo. Aunque el gran misterio de esta historia no era sólo el contenido de dicha delicia sino el pastelero que la poseía ya que nadie lo sabía a ciencia cierta. Había que esperar a que cayera la noche y las luces se apagaran para que sucediera la magia y apareciera el verdadero artista: Jengi, una galleta de jengibre que había sido instruida por el mismísimo Jero el pastelero y que tras su ausencia, controlaba el negocio desde la clandestinidad.

Día 22 Lotería: Conocerte fue mi mejor lotería… y desde entonces no he vuelto a comprar boleto.

Día 23 Frío: No hay nada más frío que un corazón roto.

Día 24 Cena: Este año las ausencias marcaron la cena de Nochebuena. Ausencias de besos robados, de abrazados infinitos, de reencuentros prometidos y de caras llenas de felicidad al ver sus regalos. Este año se nos han robado muchos primeros y últimos momentos que teníamos que vivir, pero la Navidad está para soñar, para pedir deseos que se cumplan y brindar por la esperanza de un nuevo año lleno de besos, abrazos y amor.

Día 25 Familia: «Ohana» significa familia; «familia», estar juntos siempre.

Ara.

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4 comentarios en “Calendario de Adviento Literario.

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