A ti.

Dicen que los polos opuestos se atraen, pero eso porque no te han conocido.

No eres un complemento ni mi media naranja, manzana o cualquier otra fruta porque cuando estoy contigo me haces ser mejor en todos los aspectos de mi vida. Maximizas mis cualidades y transformas mis defectos a golpe de sonrisa. Tienes esa capacidad de ilumar(me) cualquier estancia con tan solo tu presencia.

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Destino final.

Aviso: Esta es la cuarta y última parte de la Tetralogía Destino formada por los relatos: Sin destinoPróximo destino y Destino encontrado. Espero que os haya gustado esta serie de relatos y que hayáis disfrutado con su lectura. Y sin más preámbulos empecemos por el principio…

¿Cómo escribir un final cuando realmente es el comienzo?

Conocí a Salvatore en esta misma ciudad. Era verano, acababa de cumplir 18 años y estaba lista para comerme el mundo con mi nuevo vestido amarillo. Compartimos nuestro primer día de trabajo y aunque él llegaba tan perdido como yo, su mirada firme acompañada de esa media sonrisa burlona suya hacían que pareciera que llevaba toda la vida haciéndolo.

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Destino encontrado.

Aviso: Esta es la continuación de Sin destino y Próximo destino. Te recomiendo que antes de seguir con la historia vayas a leer sus primeras partes para entender mejor este relato. Y sin nada más que añadir, que comience la lectura.

Atravesamos sin mayor dificultad el primer tramo del bosque. Por las pocas películas de miedo que he visto (y esta situación perfectamente podría aparecer en una de ellas) sé que en estos casos lo mejor es permanecer en silencio y juntos, ya que al menor descuido uno de los protagonistas muere… y no quería tentar más de lo necesario a la suerte.

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Amapolas.

De pequeña, cuando me preguntaban cual era mi flor favorita yo siempre decía que las rosas. Supongo que era lo fácil porque tampoco conocía el nombre de muchas otras flores, además ¿a quién no le gustan las rosas? Tan elegantes y esbeltas, tan perfectas y majestuosas, con esos colores tan intensos ya sean rojos o blancos, y esos precios casi prohibitivos… no había flor que se le igualara.

Hasta que llegaron ellas.

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Próximo destino.

Aviso: Esta es la segunda parte de Sin destino, por lo que antes de continuar te recomiendo que te pases por la entrada y la leas. Y una vez dicho, prosigamos con nuestra historia…

Mientras conducía de vuelta a la ciudad pude detenerme bien en examinar cada parte de su cuerpo. Se aferraba con fuerza al volante lo que hacía que los músculos de su brazo se tensaran y marcaran sus venas. Me mordí el labio discretamente; si las miradas son lo que cautivan lo más profundo de mi alma, unos brazos bien ejercitados son mi perdición.

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