Querido Diciembre.

Querido Diciembre:

Eres el mes de las cuentas atrás, calendarios de adviento y reencuentros, muchos reencuentros. Pero también eres el mes de los finales; y hoy, a 17 de enero de 2019, he decidido cerrar una etapa en el blog.

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Querido Noviembre.

Querido Noviembre:

Me vuelvo a encontrar en la misma situación de hace un par de mesesNo sé cómo escribirte (ni escribir en general).

Siento que este vuelva a ser un tema recurrente pero no encuentro la forma de ver la luz al final del túnel. Y el problema no es que no sepa como transmitir mis sentimientos, relatos o reflexiones; es que directamente ¡no tengo ideas!

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Querido Octubre.

Querido Octubre:

Déjame que esta vez sea yo la que te cuente una historia.

Una historia que un día de octubre decidió volver del pasado al presente, o ir del presente al pasado no lo sé, pero que en cuanto llamó a mi puerta la reconocí inmediatamente como si se tratara de una vieja amiga.

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Querido Septiembre.

Querido Septiembre:

No sé muy bien como empezar esta carta. Llevo semanas posponiendo(te) pero los días iban pasando y las palabras seguían sin ordenarse en este folio en blanco digital.

Así que aquí estamos, un mes más sentados frente a frente, solos tú y yo ¿estás preparado?

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Querido Agosto.

Querido Agosto:

Has sabido ponerle el broche final a un verano, que estoy segura recordaré como el verano más aleatorio de mi vida, pero también como uno de los más mágicos.

Pero antes de poder hablarles de ti, agosto, nos tenemos que remontar al inicio de esta pequeña historia hace tres mes en Querido Junio donde os contaba cómo había decidido dejarme llevar por esos planes improvisados de verano que misteriosamente siempre salen bien.

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Querido Julio.

Querido Julio:

Si los meses de verano fueran como una historia, definitivamente junio sería su inicio, agosto su desenlace y tú el nudo.

La verdad es que el principio de este improvisado cuento había dejado el listón muy alto, tanto que me había regalado el inicio de verano P E R F E C T O; y como en todo relato siempre existe ese “miedo” de que tras un gran principio la historia decaiga… pero tú me has demostrado todo lo contrario.

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Querido Junio.

Querido Junio:

¡Qué bonito ha sido vivirte pero qué difícil escribirte! y qué cierta la frase de que el tiempo pasa volando cuando se está bien.

Durante tus apenas 30 días me has dado tanto que no sé cómo agradecértelo.

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Querido Mayo.

Querido Mayo:

Has sido un mes de contrastes. De rutinas y de planes improvisados. De un quiero pero no puedo. De vivir en verano por la mañana y en otoño por la tarde. He pasado de no tener suficientes horas al día, a tener demasiado tiempo libre. De tener sueño(s) a no tenerlo(s) y de volverlos a recuperar. De un contigo pero sin ti.

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Querido Abril.

Querido Abril:

Siento el retraso de tu carta. Sé que la estabas esperando desde la semana pasada pero no puedo evitar usar el correo tradicional y esas grandes cajas amarillas, que siguen existiendo, llamados buzones para comunicarme contigo.

Y tú te preguntarás, ¿y por qué este trato especial? Porque tú también lo tienes conmigo. Tú y tu amigo “destino” que quiere que abril me traiga nuevas vivencias que contar pero que después de 4 años recolectándolas me he dado cuenta que me quita mucho más de lo que me da.

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Querido Marzo.

Querido Marzo:

Este año te has propuesto no pasar desapercibido y lo has conseguido. Me engañaste con la promesa de una primavera temprana que hizo que bajara junto con mis abrigos y botas de invierno, la guardia.

Mientras (te) escribo y rememoro todo lo que hemos vivido me doy cuenta que tus primero días fueron confusos, días de “cajón de sastre” que digo yo, donde se juntaron noches de chaqueta y amigos, de cenas informales en bares pequeños y de “romper las cadenas en dura lucha por libre ser“.

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