Las noches y sus días.

Hay días en los que no te levantarías de la cama; en los que, como dice un amigo mío, te despiertas pensando en la siesta de después de comer. No tienen por qué ser días de un color determinado, aunque seguramente Holly Golightly los describiría como azules, entre los negros y los rojos.

“Se tiene un día negro porque una se engorda o porque ha llovido demasiado, estás triste y nada más. Pero los días rojos son terribles, de repente se tiene miedo y no se sabe porqué”.

-Desayuno con diamantes.

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Querido Agosto.

Querido verano: llegaste, viste y venciste.

Llegaste lleno de promesas, viste innumerables puestas de sol y venciste todas las expectativas. Porque cuando se esta de vacaciones todo parece es más bonito. El sol brilla con mayor intensidad, la comida sabe mejor y las horas en buena compañía se te escapan como arena entre los dedos. Y aunque intentas guardar, recolectar y capturar todos esos momentos en un frasco de cristal, en una fotografía o en un beso bajo el agua, septiembre siempre se adelanta.

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Querido Julio.

Querido Julio:

Dicen que la primavera la sangre altera pero eso es porque no te conocen.

Un mes que en su inicio se presentaba monótono y aburrido se transformó en un déjà vu por tu (vuestras) presencia(s), las de mis dos meses de abril favoritos.

Me has hecho retroceder en el tiempo y revivir aquel julio de hace tantos años, volver a vicios del pasado y repetirlos de forma inconsciente; aunque esta vez decidí que la historia tendría otro narrador.

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Volver.

Un día cualquiera, de esos que no se marcan en el calendario, decidiste volver a mi tras años de silencio. Silencio que nos ha convertido en desconocidos y en meros espectadores de nuestras vidas a través de una gran pantalla llamada facebook.

Has vivido mis logros académicos, escuchado mis canciones y has visto que sigo conservando a los amigos de toda la vida, esos que tú ya conocías. Y yo he compartido tus viajes, leído tus artículos, y he disfrutado de tu año de libertad.

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Sin palabras.

Hay semanas que te quedas sin palabras.

Semanas de ideas desordenadas y frases inconexas.

Semanas en las que se te olvida como (des)escribir ese cúmulo extraño de sensaciones llamados sentimientos.

Semanas en las que las letras juegan al escondite.

Semanas en las que ni me sirves de inspiración.

Hay semanas que te dejan sin palabras, y esta es una de esas.

-Ara.

Querido Junio.

Querido Junio:

Pasaste por mi lado y ni siquiera te diste cuenta. Me trataste como a una (des)conocida más que pasea y se pierde entre la multitud.

Es verdad que ha pasado un año desde que compartíamos noches de insomnio y libros hasta la madrugada, pero aún seguimos siendo los mismos… o eso creía yo, hasta que nos vi disfrutando de esas noches por separado.

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Querido Mayo.

Querido Mayo:

Me has enseñado que las teorías son demostrables y que cuando no buscas encuentras, o mejor dicho, te encuentran.

Gracias a ti he podido probar una teoría que llevaba tiempo rondando por mi cabeza y que ha sido objeto de debate con mis amigos (en más ocasiones de las que me gustaría admitir), pero que todos hemos sufrido alguna vez. Me refiero a la teoría de la existencia de ese sexto sentido u olfato que tienen algunas personas para aparecer o reaparecer en el momento más preciso inconveniente de tu vida.

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