Las noches y sus días.

Hay días en los que no te levantarías de la cama; en los que, como dice un amigo mío, te despiertas pensando en la siesta de después de comer. No tienen por qué ser días de un color determinado, aunque seguramente Holly Golightly los describiría como azules, entre los negros y los rojos.

“Se tiene un día negro porque una se engorda o porque ha llovido demasiado, estás triste y nada más. Pero los días rojos son terribles, de repente se tiene miedo y no se sabe porqué”.

-Desayuno con diamantes.

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La carta.

El otro día me pidieron que te escribiera una carta. ¿Una carta? -pensé yo. Hace años que ya no se envían ni mucho menos se reciben; entonces ¿por qué una carta? y ¿por qué a ti?, ¿por qué yo?

Además hacía tiempo que habíamos dejado de hablar, bueno que tú dejaste de hablar, y ahora nuestro desconocimiento era total. Sé que te hablaban de mi porque a mi me hablaban de ti, pero siempre en boca de terceros y tirando de un puñado de recuerdos que se iban desvaneciendo y transformándose con el paso del tiempo.

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Teorizando.

Siempre me han atrapado las historias de amores imposibles al más puro estilo shakesperiano y cuando leí el texto de “Dos grandes amores” de Paulo Coelho me inspiró para elaborar mi propia teoría sobre los primeros y segundos amores.

Paulo Coelho habla “que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores. Uno con el que te casas o vives para siempre, incluso puede que el padre o la madre de tus hijos. Y un segundo gran amor que será una persona que perderás siempre”.

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Desconocidos.

A lo largo de la vida se van dejando atrás muchas cosas.

¿Recuerdas aquellas muñecas con las que pasabas mañanas enteras peinando o vistiendo? ¿Y esas tardes de interminables merendolas con los amigos y extraescolares que no servía para nada? Y qué me dices de los recreos enteros jugando a “polis y cacos” o al clásico balón prisionero… ¿Te acuerdas? Seguro que si pero ¿y de aquellos con los que jugabas? ¿De ese mejor amigo de la infancia?

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Querido Mayo.

Querido Mayo:

Me has enseñado que las teorías son demostrables y que cuando no buscas encuentras, o mejor dicho, te encuentran.

Gracias a ti he podido probar una teoría que llevaba tiempo rondando por mi cabeza y que ha sido objeto de debate con mis amigos (en más ocasiones de las que me gustaría admitir), pero que todos hemos sufrido alguna vez. Me refiero a la teoría de la existencia de ese sexto sentido u olfato que tienen algunas personas para aparecer o reaparecer en el momento más preciso inconveniente de tu vida.

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Salas de espera.

Me gusta soñar despierta. Evadirme de los atascos y largas esperas para, al más puro estilo hollywoodiense, crear en mi cabeza un flasmob improvisado y añadir la banda sonora perfecta.

El otro día (quien dice el otro día es hace unos meses), en una de esas esperas y ante la falta de un buen libro, decidí crear otra de las muchas realidades paralelas que me gusta inventar.

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