The boy next door.

Llevo demasiados días atrapada entre mis propias letras. Enredada con mis pensamientos sin saber cómo describir(te). Una entrada que se presumía “fácil” me ha desvelado noches e incluso mañanas. No daba con la fórmula exacta porque no te estaba reconociendo.

Todos estos días te he tenido frente a mi; cuando nos cruzábamos en el semáforo, comprando el pan o incluso en el trabajo. Y como siempre sucede, un día sin importancia me di cuenta que eras tú.

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¿Miedo al fracaso?

Llevo más de un mes pensando, escribiendo, borrando y reescribiendo esta entrada; y todo porque el otro día (y quien dice el otro día hace ya casi un año) me preguntaron si tenía miedo al fracaso.

La verdad es que hasta ese momento no me lo había planteado, ni mucho menos había juntado en una misma frase las palabras miedo y fracaso ¿absurdo verdad? Supongo que soy una de las pocas personas afortunadas o una de las más despreocupadas por este tema. Me explicaré.

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Domingos.

Ya es domingo. Un domingo más en la que tu ausencia es la protagonista, o un domingo menos de resaca.

Si tuviera que decidir cuál es el día de la semana más aburrido elegiría los domingos, sobretodo sus tardes. Tardes que para mi siempre son grises ya sea verano o invierno. Tardes de sofing y películas tontas que te hacen reír o llorar bajo la manta o en tirantes. Tardes de verte en línea y no hablarte. Tardes de esperar un mensaje, el tuyo. Tardes en las que quiero cambiar un domingo conmigo por un domingo contigo.

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Querido Mayo.

Querido Mayo:

Has sido un mes de contrastes. De rutinas y de planes improvisados. De un quiero pero no puedo. De vivir en verano por la mañana y en otoño por la tarde. He pasado de no tener suficientes horas al día, a tener demasiado tiempo libre. De tener sueño(s) a no tenerlo(s) y de volverlos a recuperar. De un contigo pero sin ti.

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Mamá lo encuentra todo.

Parte de mi infancia, y estoy segura que de la vuestra también, se podría resumir en la frase: mamá lo encuentra todo. 

Y no me refiero solo físicamente al jersey que teníamos olvidado al fondo del cajón del armario de nuestro hermano, sino también a las soluciones de los problemas de matemáticas del colegio y de los de la vida en general.

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El amor y las nuevas tecnologías.

El otro día una amiga mía me contaba su experiencia en esto del amor y las nuevas tecnologías. Cansada de buscarlo en bares, cafeterías, bibliotecas, e incluso en viajes, se rindió a la ciencia de la compatibilidad y del mundo virtual por medio de una app para ligar.

Se decidió por una bastante conocida, Tinder, puso unos cuantos datos, un par de fotos bonitas, su localización (muy importante) y a esperar cómodamente en el sofá de su casa. Las solicitudes no tardaron en llegarle e incluso ella también había mandado alguna.

Ahora era el momento de decidirse, o eso es lo que pasaría en el mundo real, porque en este tipo de apps puedes estar ligando con mil chicos a la vez que no pasa nada (es más, raro sería que ellos no estuvieran haciendo los mismo). Sigue leyendo

Cartas.

A lo largo de la vida nos encontramos con muchos tipos de cartas.

Cartas perdidas o las que creíamos olvidadas que con el tiempo vuelven a nosotros.

Las cartas sin sello o sin remite que escribimos para nosotros mismos o que una vez escrita no reunimos el valor necesario para enviarlas.

Cartas urgentes con buenas o malas noticias, telegráficas o de páginas enteras que nunca acaban. Sigue leyendo