Querido Enero.

Querido Enero:

Eres el mes de los comienzos, de los nuevo propósitos, de los labios rojos y de las copas de champán. Eres un mes que empieza por todo lo alto y este año no ibas a ser menos.

A diferencia de tu predecesor no te estrenaste en una gran fiesta, sino que te cambiamos por una reunión de amigos, una cena tranquila y unas uvas accidentadas. Porque qué sería la vida sin una o dos uvas de más o de menos.

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Límites.

Las decisiones que tomamos determinan nuestra vida; las oportunidades que dejamos pasar también. Pero esta vez me armé de valor y aposté por decir que si, por arriesgarme contigo porque como se dice “quien no arriesga no gana”.

Estaba cansada de esperar, pero de esperar ¿el qué?, ¿a quién? Ni yo misma lo sabía. Ni yo misma lo sé. Así que decidí volver a la casilla de salida, empezar de cero, a volver a ilusionarme contigo.

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Un año.

Hace un año decidí retomar una pasión dormida, abandonada y casi muerta por una asesina cuyo nombre era yo. Y si escribo era porque poco tiene que ver esa versión mía con la actual, con la que decidió rescatarla en el último momento.

Hace un año vi una película de esas malas que nos gustan a todos, que guardamos en secreto pero que de un modo y otro nos tocan la fibra sensible a través de una escena o una frase. En mi caso no fue una, sino cientos de citas las se quedaron grabadas en mi memoria pero que hasta hoy una de ellas no había cobrado sentido.

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Querido Diciembre.

Querido Diciembre:

Es tiempo de hacer balance y despedir otro año más que ha pasado.

Muchos de vosotros lo recordaréis como el mejor vivido hasta la fecha pero otros estaréis deseando cambiar el siete por el ocho. En mi caso no lo puedo considerar el mejor año de mi vida, porque parafraseando al escritor Philip Roth mi mejor año es “uno que todavía no he vivido”, pero tampoco lo puedo considerar como el peor. Por suerte aún no he conocido ningún año que merezca ser borrado del calendario y no creo que llegado el caso lo hiciera porque me gusta aprender de cada mala experiencia, error, o fracaso.

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Querido Octubre.

Querido Octubre:

Este año decidiste despertarme con uno de esos besos to the moon and back y volviste a sacar lo mejor de mi. Como siempre, juntos hemos (re)conocido a las personas que merecen la pena y queremos tener en nuestras noches y días y nos dimos cuenta que ya no estabas entre ellas.

Por muchas veces que te empeñes en volver si el destino no tiene espacio para mí en tu vida, sé más valiente y suéltame, sigue el camino de tus recuerdos y quédate con ellos. Ya hemos jugado durante demasiado tiempo y no tenemos nuevos trucos ni nuevas trampas con los que sorprender(nos). Nos (des)conocemos demasiado bien como para reanudar una partida que está en jaque mate.

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Tú a Boston y yo…

Maldita distancia.

Maldita distancia que nos impide empezar a ser nosotros mismos. Un nosotros en plural, un nosotros de volver a conocernos, de segundas oportunidades que te concede la vida o el destino, llámalo como quieras.

Nos conocimos en un tramo del camino breve pero compartido. Tú tomaste el lado izquierdo y yo el derecho y nos despedimos con un “hasta pronto” que se nos resistió durante dos años de tomar decisiones opuestas pero que hoy nos han traído de nuevo aquí, a volver a compartir por unos meses la misma ciudad.

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Querido Agosto.

Querido verano: llegaste, viste y venciste.

Llegaste lleno de promesas, viste innumerables puestas de sol y venciste todas las expectativas. Porque cuando se esta de vacaciones todo parece es más bonito. El sol brilla con mayor intensidad, la comida sabe mejor y las horas en buena compañía se te escapan como arena entre los dedos. Y aunque intentas guardar, recolectar y capturar todos esos momentos en un frasco de cristal, en una fotografía o en un beso bajo el agua, septiembre siempre se adelanta.

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