The boy next door.

Llevo demasiados días atrapada entre mis propias letras. Enredada con mis pensamientos sin saber cómo describir(te). Una entrada que se presumía “fácil” me ha desvelado noches e incluso mañanas. No daba con la fórmula exacta porque no te estaba reconociendo.

Todos estos días te he tenido frente a mi; cuando nos cruzábamos en el semáforo, comprando el pan o incluso en el trabajo. Y como siempre sucede, un día sin importancia me di cuenta que eras tú.

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Querido Junio.

Querido Junio:

¡Qué bonito ha sido vivirte pero qué difícil escribirte! y qué cierta la frase de que el tiempo pasa volando cuando se está bien.

Durante tus apenas 30 días me has dado tanto que no sé cómo agradecértelo.

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Una oportunidad a la vuelta de la esquina.

Murcia, ciudad joven por sus dos campus universitarios, ha sido para mí una vía de escape a la ignorancia y, con ello, una invitación a seguir progresando, aprendiendo, viviendo la vida del estudiante que me dejé en bachillerato aparcada por vacaciones. Llegué casi sin esperarlo y decidí aprovechar desde el primer día esa libertad condicionada a sacarme mis estudios.

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¿Miedo al fracaso?

Llevo más de un mes pensando, escribiendo, borrando y reescribiendo esta entrada; y todo porque el otro día (y quien dice el otro día hace ya casi un año) me preguntaron si tenía miedo al fracaso.

La verdad es que hasta ese momento no me lo había planteado, ni mucho menos había juntado en una misma frase las palabras miedo y fracaso ¿absurdo verdad? Supongo que soy una de las pocas personas afortunadas o una de las más despreocupadas por este tema. Me explicaré.

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Mamá lo encuentra todo.

Parte de mi infancia, y estoy segura que de la vuestra también, se podría resumir en la frase: mamá lo encuentra todo. 

Y no me refiero solo físicamente al jersey que teníamos olvidado al fondo del cajón del armario de nuestro hermano, sino también a las soluciones de los problemas de matemáticas del colegio y de los de la vida en general.

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Fuiste tú quien robó mi mes de abril III.

Si seguís el blog desde hace un tiempo, os habréis dado cuenta que vivo enamorada de las sonrisas, que desde hace unos años tengo un pequeño “problema” con los meses de abril y que los acentos extranjeros son mi perdición.

Fuiste tú quien robó mi mes de abril empezó sin querer, al igual que las buenas historias que un día llaman a tu puerta para quedarse, y al final se ha convertido en un habitual de este mes. Por eso, para que comprendáis mejor su origen y la fijación que tiene el destino en unirnos, os invito a que leáis a mis meses de abril I y II .
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El amor y las nuevas tecnologías.

El otro día una amiga mía me contaba su experiencia en esto del amor y las nuevas tecnologías. Cansada de buscarlo en bares, cafeterías, bibliotecas, e incluso en viajes, se rindió a la ciencia de la compatibilidad y del mundo virtual por medio de una app para ligar.

Se decidió por una bastante conocida, Tinder, puso unos cuantos datos, un par de fotos bonitas, su localización (muy importante) y a esperar cómodamente en el sofá de su casa. Las solicitudes no tardaron en llegarle e incluso ella también había mandado alguna.

Ahora era el momento de decidirse, o eso es lo que pasaría en el mundo real, porque en este tipo de apps puedes estar ligando con mil chicos a la vez que no pasa nada (es más, raro sería que ellos no estuvieran haciendo los mismo). Sigue leyendo