Querido Julio.

Querido Julio:

Dicen que la primavera la sangre altera pero eso es porque no te conocen.

Un mes que en su inicio se presentaba monótono y aburrido se transformó en un déjà vu por tu (vuestras) presencia(s), las de mis dos meses de abril favoritos.

Me has hecho retroceder en el tiempo y revivir aquel julio de hace tantos años, volver a vicios del pasado y repetirlos de forma inconsciente; aunque esta vez decidí que la historia tendría otro narrador.

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Volver.

Un día cualquiera, de esos que no se marcan en el calendario, decidiste volver a mi tras años de silencio. Silencio que nos ha convertido en desconocidos y en meros espectadores de nuestras vidas a través de una gran pantalla llamada facebook.

Has vivido mis logros académicos, escuchado mis canciones y has visto que sigo conservando a los amigos de toda la vida, esos que tú ya conocías. Y yo he compartido tus viajes, leído tus artículos, y he disfrutado de tu año de libertad.

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Querido Abril.

Querido Abril:

Desde que te conocí siempre te he perdido, nunca me has pertenecido, pero esta vez el tiempo y yo te hemos engañado.

Al principio, con la llegada de la Semana Santa, las “vacaciones” ( y si digo “vacaciones” entre comillas porque apenas he tenido un par de días), y el buen tiempo me volviste a ilusionar. Llamaste a mi ventana con luz, flores, y noches de copas hasta la madrugada. Como todos los años me empezabas a conquistar.

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Fuiste tú quien robó mi mes de abril II.

No quería, o mejor dicho no esperaba, hacer una segunda parte de “fuiste tú quien robó mi mes de abril” , pero me he dado cuenta por vencida y he asumido que los meses de abril jamás me van a pertenecer.

Conocí a mi segundo mes de abril en marzo, por casualidad y sin pensar que algún día llegaría a ser el protagonista de estas líneas.

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Fuiste tú quien robó mi mes de abril.

Pero… ¿quién me ha robado el mes de abril?

Lo guardaba en el cajón donde guardo el corazón.

-Joaquín Sabina.

No uno, sino dos; fueron dos meses de abril que me robaste y que yo te hubiera dado si me los hubieras pedido. Pero no, decidiste cogerlos sin permiso y arrancarlos de mi calendario para hacerlos tuyos.

El primer mes de abril robado fue inesperado, lleno de primeras veces: primeras promesas, primeras miradas y primeros besos.

Beso robado

Quedábamos “donde siempre” y “a la misma hora”. Yo no me lo podía creer, teníamos un “donde siempre” y un “a la misma hora”.

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