La respuesta no es la huida.

No sabía cuanto tiempo llevaba en esa situación, huyendo de algo, o de alguien… A estas alturas ya no lo recordaba.

Todo empezó en esa casa de la playa a la que decidimos ir cinco días antes para desconectar y tener tiempo para nosotros. Éramos una pareja normal, o somos porque… ¿Lo seguimos siendo no?– suspiro– La verdad es que no lo sé.

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Lluvia.

Me gusta el olor a lluvia porque no me recuerda a ti sino a mi. A esa niña de 5 años que paseaba por las húmedas calles de su pueblo hasta llegar al parque y que se paraba en la casa de antes para saludar a su amigo Cuqui, un perro salchicha de color pardo, que adoraba las galletas chiquilin.

Curiosamente nunca he asociado la lluvia al mal tiempo, sino como comienzo de algo nuevo, de una nueva estación, en particular el otoño (ya sabéis que soy una romántica del mes de Octubre), o de una nueva tradición.

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Un año.

Hace un año decidí retomar una pasión dormida, abandonada y casi muerta por una asesina cuyo nombre era yo. Y si escribo era porque poco tiene que ver esa versión mía con la actual, con la que decidió rescatarla en el último momento.

Hace un año vi una película de esas malas que nos gustan a todos, que guardamos en secreto pero que de un modo y otro nos tocan la fibra sensible a través de una escena o una frase. En mi caso no fue una, sino cientos de citas las se quedaron grabadas en mi memoria pero que hasta hoy una de ellas no había cobrado sentido.

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