Un año.

Hace un año decidí retomar una pasión dormida, abandonada y casi muerta por una asesina cuyo nombre era yo. Y si escribo era porque poco tiene que ver esa versión mía con la actual, con la que decidió rescatarla en el último momento.

Hace un año vi una película de esas malas que nos gustan a todos, que guardamos en secreto pero que de un modo y otro nos tocan la fibra sensible a través de una escena o una frase. En mi caso no fue una, sino cientos de citas las se quedaron grabadas en mi memoria pero que hasta hoy una de ellas no había cobrado sentido.

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La novia.

-¿Quieres casarte conmigo?

-Sí.

Una pregunta bastó para que empezara todo. Una nueva vida con la que llevaba soñando desde que tengo memoria. Una vida que se nos había inculcado desde el colegio con fiestas de té, clases de corte y confección, e historias de princesas y dragones.

Recuerdo cómo al terminar la escuela por la tarde nos reuníamos las cinco de siempre a tomar café y a imaginar cómo sería nuestra vida a partir de ese momento, de esa pregunta. Ahora me doy cuenta de que eran cafés vacíos, conversaciones muertas e ilusiones inventadas, pero en ese momento todo nos parecía perfecto.

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Querido Septiembre.

Querido Septiembre:

Has sido el mes más difícil al que (d)escribir. No sabía por donde empezar ni por donde acabar. Sin ninguna idea clara estaba perdida en un septiembre al que robaba días que convertía en 35 de agosto.

¿Qué podía contar de ti? ¿Qué te podía contar de mi? El simple hecho de pensarlo me producía dolor de cabeza y pereza; mucha pereza de aceptar la vuelta a la rutina y dejar de contar los días de sol y playa para empezar un mes que para muchos tiene 30 lunes; y que a pesar de que también has tenido tus cosas buenas, el recuerdo del verano sobre mi piel te estaba relegando a un segundo plano.

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La carta.

El otro día me pidieron que te escribiera una carta. ¿Una carta? -pensé yo. Hace años que ya no se envían ni mucho menos se reciben; entonces ¿por qué una carta? y ¿por qué a ti?, ¿por qué yo?

Además hacía tiempo que habíamos dejado de hablar, bueno que tú dejaste de hablar, y ahora nuestro desconocimiento era total. Sé que te hablaban de mi porque a mi me hablaban de ti, pero siempre en boca de terceros y tirando de un puñado de recuerdos que se iban desvaneciendo y transformándose con el paso del tiempo.

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Vie(r)nes XXII.

Vie(r)nes del pasado, vuelves al presente.

-Ara.

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Volver.

Un día cualquiera, de esos que no se marcan en el calendario, decidiste volver a mi tras años de silencio. Silencio que nos ha convertido en desconocidos y en meros espectadores de nuestras vidas a través de una gran pantalla llamada facebook.

Has vivido mis logros académicos, escuchado mis canciones y has visto que sigo conservando a los amigos de toda la vida, esos que tú ya conocías. Y yo he compartido tus viajes, leído tus artículos, y he disfrutado de tu año de libertad.

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Desconocidos.

A lo largo de la vida se van dejando atrás muchas cosas.

¿Recuerdas aquellas muñecas con las que pasabas mañanas enteras peinando o vistiendo? ¿Y esas tardes de interminables merendolas con los amigos y extraescolares que no servía para nada? Y qué me dices de los recreos enteros jugando a “polis y cacos” o al clásico balón prisionero… ¿Te acuerdas? Seguro que si pero ¿y de aquellos con los que jugabas? ¿De ese mejor amigo de la infancia?

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