Sogno.

No recordaba cómo había llegado hasta allí. Ni tan siquiera reconocía el lugar donde se encontraba: al pie de una gran escalera, digna de un palacio veneciano, que daba acceso a través de su cristalina puerta a una sala de baile.

De repente, la escalera y la sala se fueron desvaneciendo para crear un nuevo escenario en el que ella se convirtió en protagonista y espectadora al mismo tiempo. Podía ver como sonreía y escuchar como su risa estaba acompañada por la de alguien más, por la de él mientras le susurraba un cómplice “a las ocho”.

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Microcarta II

A veces me pregunto lo que podríamos haber sido. Si lo nuestro tenía futuro y si aún seguiríamos juntos o si seríamos un fracaso más, pero al menos sabríamos que seríamos un fracaso vivido e intentado.

-Ara.

Cafetería II.

El Café Orleans era su sitio favorito. En él podía pedir su café bien cargado como acostumbraba y abandonarse a la lectura o a sus pensamientos. Todas las tardes como decía ella “se dejaba caer por ahí”. A pesar de su habitualidad nadie la conocía, ni tan siquiera su nombre por lo que la llamaban “la chica del café”.

Un buen día algo cambió en sus rutinarias visitas. No venía sola, sino que la acompañaba otra chica de su misma edad, debían muy buenas amigas para que “la chica del café” le enseñara su escondite secreto.

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Fuiste tú quien robó mi mes de abril.

Pero… ¿quién me ha robado el mes de abril?

Lo guardaba en el cajón donde guardo el corazón.

-Joaquín Sabina.

No uno, sino dos; fueron dos meses de abril que me robaste y que yo te hubiera dado si me los hubieras pedido. Pero no, decidiste cogerlos sin permiso y arrancarlos de mi calendario para hacerlos tuyos.

El primer mes de abril robado fue inesperado, lleno de primeras veces: primeras promesas, primeras miradas y primeros besos.

Beso robado

Quedábamos “donde siempre” y “a la misma hora”. Yo no me lo podía creer, teníamos un “donde siempre” y un “a la misma hora”.

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