Querido Julio.

Querido Julio:

Dicen que la primavera la sangre altera pero eso es porque no te conocen.

Un mes que en su inicio se presentaba monótono y aburrido se transformó en un déjà vu por tu (vuestras) presencia(s), las de mis dos meses de abril favoritos.

Me has hecho retroceder en el tiempo y revivir aquel julio de hace tantos años, volver a vicios del pasado y repetirlos de forma inconsciente; aunque esta vez decidí que la historia tendría otro narrador.

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Querido Junio.

Querido Junio:

Pasaste por mi lado y ni siquiera te diste cuenta. Me trataste como a una (des)conocida más que pasea y se pierde entre la multitud.

Es verdad que ha pasado un año desde que compartíamos noches de insomnio y libros hasta la madrugada, pero aún seguimos siendo los mismos… o eso creía yo, hasta que nos vi disfrutando de esas noches por separado.

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Sogno.

No recordaba cómo había llegado hasta allí. Ni tan siquiera reconocía el lugar donde se encontraba: al pie de una gran escalera, digna de un palacio veneciano, que daba acceso a través de su cristalina puerta a una sala de baile.

De repente, la escalera y la sala se fueron desvaneciendo para crear un nuevo escenario en el que ella se convirtió en protagonista y espectadora al mismo tiempo. Podía ver como sonreía y escuchar como su risa estaba acompañada por la de alguien más, por la de él mientras le susurraba un cómplice “a las ocho”.

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Puntos de vista.

Una de las cosas que más me maravillan de la fotografía son los múltiples puntos de vista desde los que se puede interpretar una escena. El autor selecciona tan solo uno de ellos y nos lo muestra para que a su vez, nosotros como espectadores, podamos imaginar y crear la historia que se esconde detrás del objetivo.

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