Querido Febrero.

Querido Febrero:

Marzo ha irrumpido con fuerza dejándote con 28 días pero tú no te has acobardado y le has plantado cara. Has traído el invierno y nos has hecho sentir frío de verdad cubriendo nuestras ciudades con un manto blanco de nuevos inicios.

Desde el primer día no has hecho más que traerme regalos en forma de sueños, despertando ambiciones que creía dormidas y enfrentándome a mis miedos. Me empujaste, sin previo aviso, dentro de una nueva aventura que si sale bien supondrá un gran punto de inflexión en mi vida, ese soplo de aire fresco que tanto buscaba sin saberlo.

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Querido Julio.

Querido Julio:

Dicen que la primavera la sangre altera pero eso es porque no te conocen.

Un mes que en su inicio se presentaba monótono y aburrido se transformó en un déjà vu por tu (vuestras) presencia(s), las de mis dos meses de abril favoritos.

Me has hecho retroceder en el tiempo y revivir aquel julio de hace tantos años, volver a vicios del pasado y repetirlos de forma inconsciente; aunque esta vez decidí que la historia tendría otro narrador.

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Espejo.

Corría con desesperación por las estrechas calles de la ciudad. El frío y la cerrada noche no auguraban nada bueno pues el tiempo se le acababa, pero también eran su mejor aliado para pasar desapercibida.

Frenó de su alocada carrera en el portal más oscuro que encontró. No sabía cuanto tiempo llevaba corriendo pero no podía permitir que sus piernas flaquearan ahora; necesitaba todas sus fuerzas para continuar. Menos mal que hacía dos meses que había decidido ponerse en forma, bueno ella no lo había decidido, a decir verdad, odiaba el gimnasio, pero ahora podría ser su salvación.

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