Una oportunidad a la vuelta de la esquina.

Murcia, ciudad joven por sus dos campus universitarios, ha sido para mí una vía de escape a la ignorancia y, con ello, una invitación a seguir progresando, aprendiendo, viviendo la vida del estudiante que me dejé en bachillerato aparcada por vacaciones. Llegué casi sin esperarlo y decidí aprovechar desde el primer día esa libertad condicionada a sacarme mis estudios.

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Besos

Nuestra vida se podría resumir en besos.

Nada más nacer y durante nuestros primeros meses de vida, nos convertimos en “recibidores” de besos de abuelos, padres, hermanos, tíos y primos; y empezamos a conocer toda clase de besos. Besos chillones, de pedorreta, en la mejilla o en el culete. Besos con poderes mágicos para curar todos los chichones y rasguños que nos hacemos. Besos de bienvenida. Besos con sabor a casa. Besos, besos y más besos.

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El mecánico del corazón.

Hace mucho tiempo que el verano no llega a Ciudad Corazón. Están sumidos en el invierno más frío y persistente que jamás habían conocido: el del corazón.

Muchos de sus habitantes ya nacieron con el corazón congelado, pero en cambio, a otros se les fue helando poco a poco. Fue un proceso lento y suave como el viento cálido y luminosos que una mañana se va templando hasta convertirse en niebla y oscuridad. Los habitantes de Ciudad Corazón no se dieron cuenta hasta que sus ríos se convirtieron en hielo, las casas se cerraron y las calles quedaron desiertas.

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La novia.

-¿Quieres casarte conmigo?

-Sí.

Una pregunta bastó para que empezara todo. Una nueva vida con la que llevaba soñando desde que tengo memoria. Una vida que se nos había inculcado desde el colegio con fiestas de té, clases de corte y confección, e historias de princesas y dragones.

Recuerdo cómo al terminar la escuela por la tarde nos reuníamos las cinco de siempre a tomar café y a imaginar cómo sería nuestra vida a partir de ese momento, de esa pregunta. Ahora me doy cuenta de que eran cafés vacíos, conversaciones muertas e ilusiones inventadas, pero en ese momento todo nos parecía perfecto.

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La despensa.

Cuando fue a comprar el piso en el que ahora vivía, una de las primeras cosas que más le llamaron la atención fue la gran despensa que comunicaba la terraza con la cocina.

-Era perfecta -pensó. Y sin apenas mirar el resto del inmueble cerró el trato.

Desde pequeña le fascinaban esos cuartuchos donde la gente guardaba cientos de botes, cajas, botellas… y secretos. Pero su verdadera afición hacia las despensas nació hace un par de meses atrás.

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Guantes negros.

Una mujer entra a su apartamento, es de noche. Lleva guantes negros.

Vacía su bolso encima del escritorio y caen dos monedas de diez centavos y una de cinco. Recoge las de diez y las coloca de vuelta en su monedero mientras pone la de cinco debajo de una botella de whisky.

Se dirige a la cocina donde hay una caja de cerillas con tan solo una adentro. Arroja los guantes a la chimenea y la enciende.

En ese preciso instante suena el teléfono. Contesta y dice: “Nunca en mi vida tuve un par de guantes negros”.

Y se marcha.

-Fragmento extraído de The Last Tycoon.

 

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Espejo.

Corría con desesperación por las estrechas calles de la ciudad. El frío y la cerrada noche no auguraban nada bueno pues el tiempo se le acababa, pero también eran su mejor aliado para pasar desapercibida.

Frenó de su alocada carrera en el portal más oscuro que encontró. No sabía cuanto tiempo llevaba corriendo pero no podía permitir que sus piernas flaquearan ahora; necesitaba todas sus fuerzas para continuar. Menos mal que hacía dos meses que había decidido ponerse en forma, bueno ella no lo había decidido, a decir verdad, odiaba el gimnasio, pero ahora podría ser su salvación.

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