La respuesta no es la huida.

No sabía cuanto tiempo llevaba en esa situación, huyendo de algo, o de alguien… A estas alturas ya no lo recordaba.

Todo empezó en esa casa de la playa a la que decidimos ir cinco días antes para desconectar y tener tiempo para nosotros. Éramos una pareja normal, o somos porque… ¿Lo seguimos siendo no?– suspiro– La verdad es que no lo sé.

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Querido Noviembre.

Querido Noviembre:

Me vuelvo a encontrar en la misma situación de hace un par de mesesNo sé cómo escribirte (ni escribir en general).

Siento que este vuelva a ser un tema recurrente pero no encuentro la forma de ver la luz al final del túnel. Y el problema no es que no sepa como transmitir mis sentimientos, relatos o reflexiones; es que directamente ¡no tengo ideas!

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Querido Mayo.

Querido Mayo:

Has sido un mes de contrastes. De rutinas y de planes improvisados. De un quiero pero no puedo. De vivir en verano por la mañana y en otoño por la tarde. He pasado de no tener suficientes horas al día, a tener demasiado tiempo libre. De tener sueño(s) a no tenerlo(s) y de volverlos a recuperar. De un contigo pero sin ti.

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Cartas.

A lo largo de la vida nos encontramos con muchos tipos de cartas.

Cartas perdidas o las que creíamos olvidadas que con el tiempo vuelven a nosotros.

Las cartas sin sello o sin remite que escribimos para nosotros mismos o que una vez escrita no reunimos el valor necesario para enviarlas.

Cartas urgentes con buenas o malas noticias, telegráficas o de páginas enteras que nunca acaban. Sigue leyendo

Tú a Boston y yo…

Maldita distancia.

Maldita distancia que nos impide empezar a ser nosotros mismos. Un nosotros en plural, un nosotros de volver a conocernos, de segundas oportunidades que te concede la vida o el destino, llámalo como quieras.

Nos conocimos en un tramo del camino breve pero compartido. Tú tomaste el lado izquierdo y yo el derecho y nos despedimos con un “hasta pronto” que se nos resistió durante dos años de tomar decisiones opuestas pero que hoy nos han traído de nuevo aquí, a volver a compartir por unos meses la misma ciudad.

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Las noches y sus días.

Hay días en los que no te levantarías de la cama; en los que, como dice un amigo mío, te despiertas pensando en la siesta de después de comer. No tienen por qué ser días de un color determinado, aunque seguramente Holly Golightly los describiría como azules, entre los negros y los rojos.

“Se tiene un día negro porque una se engorda o porque ha llovido demasiado, estás triste y nada más. Pero los días rojos son terribles, de repente se tiene miedo y no se sabe porqué”.

-Desayuno con diamantes.

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