The boy next door.

Llevo demasiados días atrapada entre mis propias letras. Enredada con mis pensamientos sin saber cómo describir(te). Una entrada que se presumía “fácil” me ha desvelado noches e incluso mañanas. No daba con la fórmula exacta porque no te estaba reconociendo.

Todos estos días te he tenido frente a mi; cuando nos cruzábamos en el semáforo, comprando el pan o incluso en el trabajo. Y como siempre sucede, un día sin importancia me di cuenta que eras tú.

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Domingos.

Ya es domingo. Un domingo más en la que tu ausencia es la protagonista, o un domingo menos de resaca.

Si tuviera que decidir cuál es el día de la semana más aburrido elegiría los domingos, sobretodo sus tardes. Tardes que para mi siempre son grises ya sea verano o invierno. Tardes de sofing y películas tontas que te hacen reír o llorar bajo la manta o en tirantes. Tardes de verte en línea y no hablarte. Tardes de esperar un mensaje, el tuyo. Tardes en las que quiero cambiar un domingo conmigo por un domingo contigo.

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Fuiste tú quien robó mi mes de abril III.

Si seguís el blog desde hace un tiempo, os habréis dado cuenta que vivo enamorada de las sonrisas, que desde hace unos años tengo un pequeño “problema” con los meses de abril y que los acentos extranjeros son mi perdición.

Fuiste tú quien robó mi mes de abril empezó sin querer, al igual que las buenas historias que un día llaman a tu puerta para quedarse, y al final se ha convertido en un habitual de este mes. Por eso, para que comprendáis mejor su origen y la fijación que tiene el destino en unirnos, os invito a que leáis a mis meses de abril I y II .
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