Vie(r)nes XXXIV.

Nunca me tuve que preocupar de los vie(r)nes hasta que te conocí.

-Ara.

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Un beso para Octubre.

Contar historias alrededor del fuego, sacar las primeras cazadoras y botas del armario, saltar sobre las hojas secas, saborear una rica taza de chocolate caliente, comer manzanas de caramelo, sentir las brisas otoñales, decorar una calabaza, llevar bufandas y gabardinas, cocinar galletas y bizcochos, cogerse de las manos y sentirlas frías.

Esto es Octubre, porque Octubre es un mes que viene para sorprendernos.

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Las noches y sus días.

Hay días en los que no te levantarías de la cama; en los que, como dice un amigo mío, te despiertas pensando en la siesta de después de comer. No tienen por qué ser días de un color determinado, aunque seguramente Holly Golightly los describiría como azules, entre los negros y los rojos.

“Se tiene un día negro porque una se engorda o porque ha llovido demasiado, estás triste y nada más. Pero los días rojos son terribles, de repente se tiene miedo y no se sabe porqué”.

-Desayuno con diamantes.

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Your name (tu nombre).

Miró los billetes de tren que tenía en su mano. Apenas faltaban cinco minutos para llegar a su destino. Se reclinó en el asiento mientras guardaba los papeles. Nunca pensó que ese premio le iba a tocar a ella, ni siquiera se había presentado al concurso. Había permanecido volcada en el trabajo hasta que de repente sus jefes la nombraron ganadora. Enseguida supo quién había sido el culpable de semejante triquiñuela; David y juró que se lo haría pagar, pero no ahora. Ahora iba a disfrutar de unos merecidos días de descanso en un hotel de esos con encanto perdido en la costa de Cantabria. Si, se relajaría y se olvidaría de todo.

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