Volver.

Un día cualquiera, de esos que no se marcan en el calendario, decidiste volver a mi tras años de silencio. Silencio que nos ha convertido en desconocidos y en meros espectadores de nuestras vidas a través de una gran pantalla llamada facebook.

Has vivido mis logros académicos, escuchado mis canciones y has visto que sigo conservando a los amigos de toda la vida, esos que tú ya conocías. Y yo he compartido tus viajes, leído tus artículos, y he disfrutado de tu año de libertad.

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Microcarta II

A veces me pregunto lo que podríamos haber sido. Si lo nuestro tenía futuro y si aún seguiríamos juntos o si seríamos un fracaso más, pero al menos sabríamos que seríamos un fracaso vivido e intentado.

-Ara.

Arriba y abajo.

Esta es una de las muchas historias que no necesitan un final para ser perfectas, que empiezan en un día normal y acaban siendo fuente de inspiración para un escritor.

Como cada día bajaba las escaleras de mi edificio para ir a clase. Siempre con las mismas prisas, poniéndome la cazadora y haciendo malabarismos para que el bolso, el ordenador y las carpetas no se me cayeran al suelo.

Y así fue como entre escaleras, malabares y prisas me tropecé encontré con él.

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Miradas.

La mirada es el espejo del alma.

Existen las miradas cálidas, acogedoras, amables y felices que te invitan a entrar, a compartir. Incluso las miradas tristes y nostálgicas son miradas limpias que no tienen miedo a mostrar su dolor o su dicha.

En cambio, también existen otro tipo de miradas, las miradas oscuras. Se trata de miradas recelosas, misteriosas y hundidas, muchas de ellas inescrutables, llenas de dolor, envidia, vanidad… que se esconden tras una falsa máscara, tras una cortina de humo simulando que todo va bien, que no pasa nada.

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