El mecánico del corazón.

Hace mucho tiempo que el verano no llega a Ciudad Corazón. Están sumidos en el invierno más frío y persistente que jamás habían conocido: el del corazón.

Muchos de sus habitantes ya nacieron con el corazón congelado, pero en cambio, a otros se les fue helando poco a poco. Fue un proceso lento y suave como el viento cálido y luminosos que una mañana se va templando hasta convertirse en niebla y oscuridad. Los habitantes de Ciudad Corazón no se dieron cuenta hasta que sus ríos se convirtieron en hielo, las casas se cerraron y las calles quedaron desiertas.

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Un año.

Hace un año decidí retomar una pasión dormida, abandonada y casi muerta por una asesina cuyo nombre era yo. Y si escribo era porque poco tiene que ver esa versión mía con la actual, con la que decidió rescatarla en el último momento.

Hace un año vi una película de esas malas que nos gustan a todos, que guardamos en secreto pero que de un modo y otro nos tocan la fibra sensible a través de una escena o una frase. En mi caso no fue una, sino cientos de citas las se quedaron grabadas en mi memoria pero que hasta hoy una de ellas no había cobrado sentido.

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Persecución.

Despertamos en un lugar inhóspito todos a la vez. Desconcertados nos miramos unos a otros intentando entender, intentando recordar. Sin mediar palabra nos incorporamos del suelo y alzamos la mirada hacia el cielo azul, quizás demasiado azul, que coronaba los altos pinos del valle.

Fue entonces cuando comprendimos que estábamos atrapados en el mundo real  y sin pensarlo dos veces huimos los unos de los otros perdiéndonos en la espesura del bosque.

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La novia.

-¿Quieres casarte conmigo?

-Sí.

Una pregunta bastó para que empezara todo. Una nueva vida con la que llevaba soñando desde que tengo memoria. Una vida que se nos había inculcado desde el colegio con fiestas de té, clases de corte y confección, e historias de princesas y dragones.

Recuerdo cómo al terminar la escuela por la tarde nos reuníamos las cinco de siempre a tomar café y a imaginar cómo sería nuestra vida a partir de ese momento, de esa pregunta. Ahora me doy cuenta de que eran cafés vacíos, conversaciones muertas e ilusiones inventadas, pero en ese momento todo nos parecía perfecto.

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Dualidad.

En mitad de la partida echó una moneda al aire.

Cara vida, cruz muerte.

La moneda giró y cayó de lado.

Abandonaron la jugada comprendiendo que la vida necesita muerte y la muerte vida para existir.

-Ara.

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El mundo volvió a girar de nuevo.

Aquél fue un verano fantástico y eso que los días pasaron tan deprisa que se quedó corto para tantos planes como tenía. Tenía planes… pero no te tenía a ti, aún no te había conocido. Pero surgió de pronto la oportunidad de conocernos, el encuentro en aquella fiesta junto a la playa a la luz de la luna. Después, la luz del sol nos descubrió que todo cuanto habíamos soñado la noche anterior era más hermoso aún, y tus ojos desprendían una luz que me dejaba pegado a ti como una polilla junto a un farol nocturno.

A medida que nos fuimos conociendo descubrimos que la atracción inicial que sentimos se hacía más fuerte cada día. Pero llegó el final y debimos separarnos. ¡Qué tristeza aquella tarde!… Te acompañé a la pequeña estación de ferrocarril del pueblo y miramos nuestros ojos en silencio. Tenías que subir al tren y tu mano soltó la mía. Las luces de la estación brillaban ahora más en tus ojos y te ofrecí mi pañuelo con la inicial de mi nombre trabada en azul en un extremo. Lo tomaste con cuidado y subiste con él al vagón, y ya dentro, desde la ventanilla, me diste el último adiós y me enviaste tu último beso.

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