The boy next door.

Llevo demasiados días atrapada entre mis propias letras. Enredada con mis pensamientos sin saber cómo describir(te). Una entrada que se presumía “fácil” me ha desvelado noches e incluso mañanas. No daba con la fórmula exacta porque no te estaba reconociendo.

Todos estos días te he tenido frente a mi; cuando nos cruzábamos en el semáforo, comprando el pan o incluso en el trabajo. Y como siempre sucede, un día sin importancia me di cuenta que eras tú.

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Querido Junio.

Querido Junio:

¡Qué bonito ha sido vivirte pero qué difícil escribirte! y qué cierta la frase de que el tiempo pasa volando cuando se está bien.

Durante tus apenas 30 días me has dado tanto que no sé cómo agradecértelo.

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Una oportunidad a la vuelta de la esquina.

Murcia, ciudad joven por sus dos campus universitarios, ha sido para mí una vía de escape a la ignorancia y, con ello, una invitación a seguir progresando, aprendiendo, viviendo la vida del estudiante que me dejé en bachillerato aparcada por vacaciones. Llegué casi sin esperarlo y decidí aprovechar desde el primer día esa libertad condicionada a sacarme mis estudios.

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Barcelona.

Los veranos en Barcelona siempre eran especiales. Cada año descubría una Barcelona distinta y una nueva sonrisa con la que pasear.

El primer verano se perdió de la mano de Carles por el Parque Güell, conoció la noche de la sala Razzmatazz con Pau y contempló la ciudad desde la altura del Tibidabo con Albert. El segundo amaneció en la Barceloneta con Guillem, paseó por el Barri Gòtic con Roger y buscó con Joan el silencio de Santa María del Mar. Al verano siguiente conquistó Montjuic con Manel, fotografió el Arc de Triomf con Lluís y buceó entre las salas del Aquarium con Xavi. El último verano se enamoró de Sergi en la estrecha calle dels Petons. Y este año se (re)encontró con Albert y su mirada en la Noche de San Juan.

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Domingos.

Ya es domingo. Un domingo más en la que tu ausencia es la protagonista, o un domingo menos de resaca.

Si tuviera que decidir cuál es el día de la semana más aburrido elegiría los domingos, sobretodo sus tardes. Tardes que para mi siempre son grises ya sea verano o invierno. Tardes de sofing y películas tontas que te hacen reír o llorar bajo la manta o en tirantes. Tardes de verte en línea y no hablarte. Tardes de esperar un mensaje, el tuyo. Tardes en las que quiero cambiar un domingo conmigo por un domingo contigo.

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Querido Mayo.

Querido Mayo:

Has sido un mes de contrastes. De rutinas y de planes improvisados. De un quiero pero no puedo. De vivir en verano por la mañana y en otoño por la tarde. He pasado de no tener suficientes horas al día, a tener demasiado tiempo libre. De tener sueño(s) a no tenerlo(s) y de volverlos a recuperar. De un contigo pero sin ti.

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