Destino final.

Aviso: Esta es la cuarta y última parte de la Tetralogía Destino formada por los relatos: Sin destinoPróximo destino y Destino encontrado. Espero que os haya gustado esta serie de relatos y que hayáis disfrutado con su lectura. Y sin más preámbulos empecemos por el principio…

¿Cómo escribir un final cuando realmente es el comienzo?

Conocí a Salvatore en esta misma ciudad. Era verano, acababa de cumplir 18 años y estaba lista para comerme el mundo con mi nuevo vestido amarillo. Compartimos nuestro primer día de trabajo y aunque él llegaba tan perdido como yo, su mirada firme acompañada de esa media sonrisa burlona suya hacían que pareciera que llevaba toda la vida haciéndolo.

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Destino encontrado.

Aviso: Esta es la continuación de Sin destino y Próximo destino. Te recomiendo que antes de seguir con la historia vayas a leer sus primeras partes para entender mejor este relato. Y sin nada más que añadir, que comience la lectura.

Atravesamos sin mayor dificultad el primer tramo del bosque. Por las pocas películas de miedo que he visto (y esta situación perfectamente podría aparecer en una de ellas) sé que en estos casos lo mejor es permanecer en silencio y juntos, ya que al menor descuido uno de los protagonistas muere… y no quería tentar más de lo necesario a la suerte.

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Próximo destino.

Aviso: Esta es la segunda parte de Sin destino, por lo que antes de continuar te recomiendo que te pases por la entrada y la leas. Y una vez dicho, prosigamos con nuestra historia…

Mientras conducía de vuelta a la ciudad pude detenerme bien en examinar cada parte de su cuerpo. Se aferraba con fuerza al volante lo que hacía que los músculos de su brazo se tensaran y marcaran sus venas. Me mordí el labio discretamente; si las miradas son lo que cautivan lo más profundo de mi alma, unos brazos bien ejercitados son mi perdición.

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Sin destino.

Todo comenzó con la llegada de una carta. Sin remitente ni destinatario, apareció en la mesa del salón una noche cualquiera. La abrí recelosa de su contenido y tan solo encontré escrita una hora y una dirección.

La curiosidad fue más grande que la cautela y sin pensármelo dos veces, atraída por el halo de misterio que desprendía, acudí a la cita.

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Si no leemos no sabemos pensar.

“Dime cómo eres y te diré qué libro leer”. Así titula el magazine Bazaar su artículo sobre los libros que podrás encontrar este día internacional del libro en los puestos que inundan hoy nuestras calles.

Sin embargo yo te animo a que este año hagas todo lo contrario, es decir, que salgas de tu zona de confort (literariamente hablando).

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La respuesta no es la huida.

No sabía cuanto tiempo llevaba en esa situación, huyendo de algo, o de alguien… A estas alturas ya no lo recordaba.

Todo empezó en esa casa de la playa a la que decidimos ir cinco días antes para desconectar y tener tiempo para nosotros. Éramos una pareja normal, o somos porque… ¿Lo seguimos siendo no?– suspiro– La verdad es que no lo sé.

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La biblioteca.

Me perdí en la biblioteca de los recuerdos.

Pasillos llenos de cintas en blanco, volúmenes escritos y discos rallados que parecían no tener fin. Cuanto más me adentraba menos perdida me sentía; al fin y al cabo, pensé, llevo viniendo a esta biblioteca desde que tenía uso de razón. Sabía que en la planta calle estaba la biblioteca para adultos con su punto de información desde el que se puede observar la biblioteca infantil de la planta de abajo y que conecta con el depósito del piso inferior. La primera planta era la zona reservada para el estudio y la hemeroteca; la segunda era el reino de la música y de la informática; y en la última se ubicaba el Registro de Propiedad Intelectual y la Dirección de la biblioteca.

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