La respuesta no es la huida.

No sabía cuanto tiempo llevaba en esa situación, huyendo de algo, o de alguien… A estas alturas ya no lo recordaba.

Todo empezó en esa casa de la playa a la que decidimos ir cinco días antes para desconectar y tener tiempo para nosotros. Éramos una pareja normal, o somos porque… ¿Lo seguimos siendo no?– suspiro– La verdad es que no lo sé.

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La biblioteca.

Me perdí en la biblioteca de los recuerdos.

Pasillos llenos de cintas en blanco, volúmenes escritos y discos rallados que parecían no tener fin. Cuanto más me adentraba menos perdida me sentía; al fin y al cabo, pensé, llevo viniendo a esta biblioteca desde que tenía uso de razón. Sabía que en la planta calle estaba la biblioteca para adultos con su punto de información desde el que se puede observar la biblioteca infantil de la planta de abajo y que conecta con el depósito del piso inferior. La primera planta era la zona reservada para el estudio y la hemeroteca; la segunda era el reino de la música y de la informática; y en la última se ubicaba el Registro de Propiedad Intelectual y la Dirección de la biblioteca.

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La despensa.

Cuando fue a comprar el piso en el que ahora vivía, una de las primeras cosas que más le llamaron la atención fue la gran despensa que comunicaba la terraza con la cocina.

-Era perfecta -pensó. Y sin apenas mirar el resto del inmueble cerró el trato.

Desde pequeña le fascinaban esos cuartuchos donde la gente guardaba cientos de botes, cajas, botellas… y secretos. Pero su verdadera afición hacia las despensas nació hace un par de meses atrás.

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Guantes negros.

Una mujer entra a su apartamento, es de noche. Lleva guantes negros.

Vacía su bolso encima del escritorio y caen dos monedas de diez centavos y una de cinco. Recoge las de diez y las coloca de vuelta en su monedero mientras pone la de cinco debajo de una botella de whisky.

Se dirige a la cocina donde hay una caja de cerillas con tan solo una adentro. Arroja los guantes a la chimenea y la enciende.

En ese preciso instante suena el teléfono. Contesta y dice: “Nunca en mi vida tuve un par de guantes negros”.

Y se marcha.

-Fragmento extraído de The Last Tycoon.

 

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